sábado, 30 de abril de 2022

Amigos


A medida que avanzo en los recuerdos voy descubriendo fotos que me perdí y nueva  información que corrige  o completa lo escrito anteriormente. Este formato de blog haría las veces de un primer borrador, en caso de que estas historias alguna vez se conviertan en una colección publicada.  

Por ejemplo, encontré una discrepancia en la fecha de los primeros bautismos. En el resumen de diez años del trabajo de papá en Don Bosco, escribió enero de 1954. Pero cuando leí su carta a una iglesia de apoyo escrita el 3 de febrero de 1955, dijo que tuvieron lugar el 2 de enero de 1955. La última fecha confirma lo que recuerdo ya que yo tenía 10 años cuando me bautizaron. 

En esa misma carta sigue diciendo papá:     

Hemos estado trabajando en este campo por más de dos años. El mensaje se ha difundido en forma de tratados repartidos casa por casa, reuniones en carpas, las reuniones semanales en nuestra casa y por altoparlantes colocados en lo alto del techo. La asistencia promedio para el primer año fue de 17 personas  y para el segundo de 18. En la Escuela Dominical vimos un salto de 14 a 23. Y sigue funcionando muy bien. Hay un buen número de padres en este barrio que reconocen el valor de la Escuela Dominical para sus hijos, pero no consideran que haya nada para ellos, ya que piensan que es solo una especie de entrenamiento para una vida buena y moral. 


Esta es una foto de uno de los grupos de Escuela Dominical de esos primeros años. Estoy en el extremo superior izquierdo, junto a mí está una querida amiga, Delia Princic. Si no recuerdo mal, vivía a la vuelta de la esquina e íbamos juntas a la escuela. De todos modos, ella asistió a la Escuela Dominical, crecimos juntas en la iglesia de Don Bosco y compartimos muchas actividades juveniles, incluidos clubes bíblicos para niños, campamentos de verano y mucho más. El padre de Delia murió de una enfermedad pulmonar cuando tenía 54 años. Su ma, Agustina, era creyente y vivió muchos años. Delia se casó con un joven de una de nuestras iglesias del interior y actualmente viven en General Deheza, Córdoba. Le encantaba la música y aprendió a tocar el piano, el órgano o el armonio, lo que estuviera disponible en la iglesia. Su esposo, Alberto Claro, es guitarrista clásico. 

A medida que pase el tiempo iré presentándoles a cada uno de estos queridos amigos míos. 

Este blog también sirve para reconectarnos. Luego de escribir el último capítulo, tuve una agradable conversación con Mirta Fischer, cuya familia apareció en esa publicación. (Ella está al lado de Delia en la foto de arriba). Su experiencia en la iglesia de Don Bosco y la historia de su vida serían otro capítulo maravilloso, si pudiera persuadirla para que lo escribiese. 

Papá mencionó en su carta que durante esos meses de verano, mamá y yo fuimos a visitar a mi maestra de la escuela. Yo también recuerdo ese momento.  

En retrospectiva, creo que la maestra en su afabilidad hacia mí ha de haber dicho algo como: "Te extrañaré este verano. Vení a verme". Debí haberlo tomado bastante literalmente porque recuerdo haber insistido varias veces en que mi maestra quería verme y que debíamos ir a visitarla. Finalmente, mamá accedió, tomamos el ómnibus a Quilmes y nos presentamos en su casa. ¡Ella se sorprendió! Pero tuvimos una buena conversación. Debo haberle regalado una Biblia y parecía interesada en leerla. 

En una carta del 3 de abril de 1955, papá dice que nuestra profesora de piano y su esposo asistieron al servicio del domingo por la noche en nuestra casa. ¡Y ahora sé su nombre, señora Jones! 

Tanto Lynn como yo acabábamos de empezar la escuela. Yo volví a la escuela pública, pero Lynn tenía una maestra particular. También necesitaba ver a un oculista porque tenía problemas para enfocar con el ojo izquierdo. 

En mayo tuve una amigdalectomía en el Hospital Británico. Ese también es un recuerdo que he conservado.  

Papá escribió:  

    Kathryn la acompañó y se quedó con ella la mayor parte del día. Volvió al día siguiente para traerla a casa. Todo salió bien. . . también le sacaron las adenoides. Supongo que eran bastante grandes y le causaban la mayor parte de sus problemas. La operación costó 480 pesos que equivaldrían a unos 17 dólares al cambio actual. 

En aquel tiempo, había dos graduadas del Instituto Bíblico que estaban cursando enfermería en el Hospital Británico y nos visitaban a menudo. Yo admiraba tanto a estas hermosas chicas y me fascinaban las experiencias que nos contaban. Entonces decidí que quería ser enfermera cuando fuese grande. Me siento feliz de decir que mi vida tomó un camino diferente porque no habría sido una muy buena enfermera. Sin embargo, ellas siguieron siendo amigas muy queridas de nuestra familia durante toda su vida: Eunice Siccardi y Hebe Bettinalio. Ambas llevaron vidas muy interesantes y fructíferas. 

Eunice estaba muy involucrada en una organización internacional de enfermeras cristianas. 

Hebe tuvo una historia de amor inusual y fascinante. ¡Se casó con uno de sus pacientes, un marinero británico! Su noviazgo a larga distancia duró tres años, y se mantuvo vivo gracias a unas 300 bellas cartas de amor. Emigraron a los EE. UU., donde Ray Davis asistió a Grace College y al Seminario. Fue pastor en varias iglesias y también en Puerto Rico, Costa Rica y Méjico. Hebe obtuvo un título en Consejería. 

No sorprende que Lynn las mencionara a ellas y a muchos otros en sus memorias escritas a mano mucho tiempo después. En sus palabras:
    Lo que recuerdo de esos tiempos fue el efecto que la música tuvo en mí. Canciones que aprendí en aquellos días aún están grabadas de forma indeleble en mi memoria. Una que siempre me hizo llorar fue:

Dios os guarde con su gran poder,
protegidos y abrigados,
recibiendo sus cuidados;
Dios os guarde con su gran poder.

En fraterno amor nos veremos
a los pies de nuestro Salvador,
para nunca más separarnos,
un redil con nuestro buen Pastor.

Siempre la cantábamos al despedirnos de las personas que habían estado de visita y regresaban a sus hogares.  
    Muchas amistades muy hermosas se formaron en esos tiempos. Pienso en Hebe Bettinalio de Davis y Eunice Siccardi, estudiantes de enfermería del Hospital Británico en Bs.As., César Cabral, quien estaba en el Servicio Militar Obligatorio, Nélida Zanetti una de las estudiantes del Instituto Bíblico que hizo una pasantía con nosotros, Dora Saldaño (otra estudiante de enfermería) y muchos otros a lo largo de los años. . . 

Siempre había gente yendo y viniendo en nuestra casa... estudiantes del Instituto Bíblico que llegaban para ayudar con la escuela bíblica de vacaciones; predicadores para reuniones de evangelización; jóvenes de la Iglesia de los Hermanos que venían a Buenos Aires a estudiar; misioneros de paso o haciendo trámites en la capital, y visitantes de todo tipo. 

No sé cuándo se obtuvo la siguiente foto, pero reconozco a la mayoría en el grupo. Detrás de nosotros tres están las hermanas Bettinalio (Raquel y Hebe), y Sara Siccardi. Rudy Fischer está a la derecha. Creo que Raquel y Sara estaban entrenando con LAPEN (Liga Argentina Pro-Evangelización del Niño). 


Mi papá explica algunas de las dificultades en su reseña de diez años en Don Bosco. 

No todos los recuerdos de los cuatro años de la obra en casa son tan agradables. No podemos olvidar las veces cuando por el barro, falta de luz en las calles, y la falta de veredas, pocos llegaron para las reuniones y a veces nadie. Todavía queda la mano derecha medio cerrada por tener el cuchillo tanto tiempo limpiando los zapatos embarrados de niños antes de que entraran a la escuela dominical. El mismo hermano Maccio podrá recordar la noche en que se acercaba a la casa pisando con mucho cuidado para no embarrarse cuando de repente resbaló y el pie entero (para no decir la pierna) se hundió en la zanja.

Llegó el momento cuando la obra fue tan desanimadora que como pastor hubiera abandonado completamente y así se lo expresó al hermano Maccio. Este desánimo demostró elocuentemente la necesidad de crecmiento en mi misma vida de pastor. Después de un cambio de ideas, combinamos en orar todas las mañanas a las ocho en dondequiera que nos encontráramos cada uno por su cuenta hasta que el Señor revelara Su voluntad sobre el asunto. No tardó mucho el Senor en contestar y así la obra entró en otra fase de vida.[Este es un tema para futuros capítulos.]  

Carlos Maccio trabajó con LAPEN (Child Evangelism en Argentina) y llegó a ser un buen amigo de nuestra familia, un compañero de ministerio. Las Horas Felices (clases bíblicas para niños) que él lideró fielmente en Don Bosco fueron muy influyentes en la vida de muchos, incluso la mía. Recuerdo que la clase se reunía en el garaje de una familia cristiana de otra iglesia, una familia danesa, los Clausen. También ellos se convirtieron en grandes amigos para mis padres, misioneros nuevos. Elegí la foto de apertura para representar la verdad de Hebreos 10:24-25. La Sra. Clausen y dos de sus hijos aparecen en la foto con nuestra familia y otra amiguita. Entre sus actos de amistad estaban los paseos de los domingos por la tarde. Aparecían y nos invitaban a salir con ellos para dar una vuelta por el barrio. ¡Qué maravillosa manera de compartir amistad! 

    Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras,
no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos unos a otros,
y mucho más al ver que El Día se acerca. 
Hebreos 10:24 -25 

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Pachín